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Nunca tuve miedo de ser olvidada o a desaparecer del medio artístico


LA CAPITAL - 30/07/2007

“Nunca tuve miedo de ser olvidada o a desaparecer del medio artístico”

 
Silvina Garré cuenta cómo fue lanzar un nuevo CD después de más de un década sin grabar

 

 

 

Silvina Garré regresó al disco con “El deseo”, un trabajo acústico de canciones simples y cierta remembranza hacia aquellas melodías entre dulces y nostálgicas de inicios de los 80.

 

 

José L. Cavazza / La Capital


Después de una docena de años alejada de los estudios de grabación, la rosarina Silvina Garré volvió con un disco acústico y de nombre sugerente, “El deseo”, que además da título a un poema que introduce el librito del CD.


La ex compañera de escenario de Juan Baglietto en los inicios de los 80, en los albores de la Trova Rosarina, recuerda los viejos tiempos “con much alegría”. Hoy, rubia platinada, Garré dice además: “Es cierto, aquellos años fueron una etapa muy «hipona» porque era lo que vivíamos y también por la edad”. Difícil olvidar la postal de aquella jovencita de pelos ensortijados, mirada dulce y pulóveres gruesos y rayados, junto a un Baglietto pelilargo y de mameluco rotoso.


Con respecto a la tardía aparición de un nuevo disco, Garré explica que le gusta trabajar sin presión y que siempre hizo canciones que creyó que “estaban buenas”. “Estudié, me recibí y trabajé de psicóloga... quiero decir, no sentí esa urgencia de grabar un disco por año”, cuenta.


—¿Por qué “El deseo” es sólo un poema y no una   canción?


—Porque era el título del disco desde hace mucho tiempo.   Antes de empezar a trabajar en las canciones yo pensé que mi próximo disco se iba a llamar “El deseo”, porque ya tenía el poema escrito. Después seleccioné las doce canciones. En realidad, yo quise además poner un título que no sea el de ninguna de las canciones. También, es fuerte para mí lo que implica el deseo...


—¿Lo decís por el deseo de sacar un disco tras largos años,  por el tono de las canciones o por una actitud ante la vida?


—Un poco de todo eso. Por mi deseo puesto en la música y en volver a grabar, por el deseo como motor de la vida, que para mí es un concepto importante. Y también tiene que ver con el tono de algunas canciones y con una actitud... tal cual.


—Tus fotografías sin ropa son casi una declaración de principios. Tu disco anterior, ahora “El deseo”...


—No (risas), nada de eso. Aparecí sin ropa en “Nuestro lenguaje sagrado”; en este disco hay un retrato y yo estoy con ropa sólo que no se ve el cuerpo. Cuando yo hice el disco que aparecía la foto de los ojos y que se llamaba “Silvina Garré” me pareció bueno como idea de tapa para no poner ninguna ropa, porque la ropa marca mucha moda, como los peinados. Y lo cierto es que mis canciones, desde el primer disco, son atemporales.


—No se nota en vos esa urgencia que tienen los músicos en editar un disco cada uno o dos años. ¿No sentís la música como profesión?


—Me siento músico por vocación y por elección, además de serlo profesionalmente. Grabe o no grabe discos, esté tocando o no. Lo que pasa es que durante los últimos doce años no sentí la necesidad de grabar, es más, me sentí muy curiosa por hacer otras cosas y le hice caso a mi corazón, mi deseo y a mis ganas de experimentar otras cosas. Me recibí de psicóloga y trabajé de psicóloga. A mí me gusta trabajar sin presión y siempre hice las canciones que creí que estaban buenas y que me representaban. Además, siempre pude elegir a los músicos. Hacer discos por pedidos de otros no me iba a llevar a un lugar de felicidad y ni siquiera a hacer buenas cosas, al contrario, me iba a enemistar con el trabajo. Creo que siempre supe conservar el espíritu original de esa idea de “por qué canto yo”.


—¿Coincidís con que no todos tienen la suerte de poder hacer las cosas de ese modo en el mundo de la música?


—Creo que en algunos casos no se puede hacer por una cuestión de urgencia económica, por lo cual agradezco estos últimos años no haber tenido esa urgencia. En otros casos hay miedo a desaparecer del medio discográfico o artístico tantos años, miedo a ser olvidado. Nunca tuve esos miedos.


—En lo musical, ¿sentís que “El deseo” está detenido en el tiempo, como que respetás a rajatabla lo que siempre representaste?


—Veo un disco diferente. Por primera vez hice un disco acústico y no hay sintetizadores ni guitarras eléctricas; hay mucho trabajo vocal no como otra vez que sólo yo grababa todas las voces. Rítmicamente es un disco más original y más jugado...


—Me refería a la idea de seguir anclada a aquel sonido entre dulce y nostálgico, más allá de los arreglos.


—Es cierto, y tiene que ver con la Trova, con mis fuentes que siempre estarán ahí.


—Pero en lo visual, aparecés en las antípodas de aquella jovencita medio “hipona”.

—Una cambia con los años, sobre todo físicamente. El comienzo, es cierto, fue una etapa muy “hipona” porque era lo que vivíamos y también por la edad. En las mujeres de mi adolescencia, hasta los primeros trabajos con Juan (Baglietto), reinaba esa cosa “hipona”.


—¿Nuevo disco en 10 años?  


—(Risas) No, la idea es empezar en 2008 a grabar dos discos: uno con canciones nuevas y otro, muy particular, con los temas clásicos míos, porque ninguno de mis discos se ha reeditado, están fuera de catálogo. Entonces quiero hacer nuevas versiones.