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No tengo urgencias con relación a nada
Lunes 29 de Agosto de 2011 15:00
viarosario.com.ar
Escrito por Lucila Román


Silvina Garré: "No tengo urgencias con relación a nada"




Dueña de una voz única, hasta Caetano Veloso la ha destacado en la dedicatoria de su libro Verdade Tropical. Hoy, sus días de ensayo se alternan con el estudio de una maestría en psicoanálisis. A fin de año presentará, junto a su banda, un disco con temas de autores rosarinos y también incluirá algunas antiguas canciones suyas.

La sala de ensayos queda en el piso alto de una casona de Palermo. Silvina baja a abrir la puerta, toda vestida de negro, el pelo larguísimo y la sonrisa enorme. Subimos. Del otro lado de la pecera  los músicos tocan y nos tenemos que acomodar entre los aparatos de audio y los micrófonos. Pero la conversación se dispara hacia un territorio que no es musical, precisamente. Silvina sorprende con la noticia de que este año empezó una maestría en Psicoanálisis, y a partir de ahí detalla que en los años noventa estudió Psicología, interés surgido a partir de su propio análisis y de intensas lecturas sobre el tema. Con su consolidada trayectoria como cantautora, un día se inscribió en la universidad y comenzó a cursar, entusiasmándose cada vez más, apasionándose con la carrera hasta llegar a graduarse. También en esos años decidió mudarse a Miami:

-    Viví allí dos años y pico. Me fui en el ’97. Fue una aventura, una curiosidad de estar en otro país. Tenía las ganas y las posibilidades para hacerlo, y me dije: “lo voy a aprovechar ahora que puedo”. Fue una época muy creativa, conocí muchos músicos, actores de distintas nacionalidades. Hice amistades que conservo. Sabía que cuando ya no tuviera más ganas de vivir afuera, me volvería. Me fui con esa idea.

-    ¿Y  ahora cuál es tu rutina en Buenos Aires?

-    ¿Mi rutina? ¡Esto! (Señala su estudio de música). Estamos preparando un disco nuevo que empezaremos a grabar en un mes, y que trataremos de editar antes de fin de año. Y también tengo mi tiempo para no hacer nada. Para caminar, leer. Me encanta leer, ir al cine. Siempre trato de mantener un tiempo para… (piensa). No es ocio, pero bueno… Un tiempo para relajarme y salir a pasear y estar con amigos.

-    Esto de tomarse el tiempo para frecuentar amigos es algo propio de Rosario ¿Creés que esa costumbre la conservás desde allí?

-    No, eso es una característica mía, y trato siempre de mantenerla. No soy una persona que necesita todo el tiempo llenarse de cosas porque si no siente que pierde el tiempo. No necesito “hacer” siempre. A mí me gusta pensar, mirar el techo, caminar, mirar vidrieras. En la medida en que puedo, me hago el tiempo para compartir otras cosas. Yo no tengo urgencias con relación a nada, en general. Las he tenido, cuando era más joven y tenía que hacer mi carrera, con representantes y agencias, giras muy largas, y determinadas cosas que por ahí no me agradaban. Pero era una forma de empezar a ver cómo uno quería trabajar.

-    ¿Y cuándo paraste?

-    Cuando me fui a Miami. Allí compuse muchísimo, estudié piano, me llevé todos mis libros. Y me di cuenta de que había otra forma de trabajo –  en lo que hace a mi personalidad –  más acorde a mi esencia. Un trabajo más relajado, con grupos más pequeños. Pude idear una manera, la encontré y después la llevé a cabo. Lo cual fue buenísimo, porque podría haberla ideado y no encontrar los socios. Creo que es fundamental el equipo de trabajo. Y me encontré con Diego Clemente, que es el director musical de mi banda. Con él tocamos juntos por primera vez en el año ’85. Y después, por muchos años no nos vimos. Un día nos encontramos en la calle, y me preguntó si tenía canciones nuevas, le contesté que sí, que tenía un montón, me dijo que tenía una sala y músicos. “Pasá por la sala”, me ofreció. Y el día que fui ya empezamos a tocar. Y de ahí no paramos. Estamos preparando el tercer disco, hicimos una cantidad de conciertos. Y conformamos una cooperativa. Somos solamente los músicos. No hay manager ni representantes, no hay agencia, no hay nada de eso. Somos los que somos, y entre nosotros organizamos todo.

-    ¿Cómo será el disco que están armando?

-    Son canciones de autores de Rosario, y también voy a tomar temas de discos anteriores míos. Decidí incluir dos o tres que para mí, y para los músicos, son tal vez las canciones más lindas, pero que no han tenido difusión. Habían quedado olvidadas, o perdidas. Así que ahora las vamos a rescatar.

Silvina vive a una cuadra de la sala de ensayos. Palermo sigue siendo el barrio que elige desde que se mudó a Buenos Aires, a los veinte años, cuando le costó tanto adaptarse:

-    Me encantaba Buenos Aires pero me resultaba un poco ingrata, y por momentos muy grande.

Toda su educación, desde jardín de infantes hasta la secundaria, la había hecho en Adoratrices, y su formación artística la tenía por la tarde: guitarra, flauta pianos, clases de canto. Recién egresada del colegio de monjas, estudió música y empezó también el profesorado de inglés, pero ese mismo año surgió la posibilidad de ir a Buenos Aires con el grupo de Baglietto. Y enseguida les llegó éxito:

-    ¿Qué recordás de esos años?

-    Era increíble, muy difícil de entender.

-    Pero, si bien eran muy chicos, los agarró bien parados…

-    Sí. Yo sabía que formaba parte del grupo de Baglietto. El solista era él. Yo cantaba coros, ponía mi voz en algunas canciones, pero tenía muy en claro las jerarquías dentro del grupo. Ellos venían tocando desde antes, habían formado parte de otras bandas. Mi inicio tuvo que ver con Baglietto. Yo no tenía experiencia en escenarios ni frente al público. Empecé a foguearme ahí, digamos. Si nos agarró bien parados, fue porque no lo vivíamos como un éxito personal. En ese tiempo de inicio, la figura realmente muy popular fue Baglietto. Nosotros acompañábamos. Nunca pasé de ser una ignota a ser super famosísima. Íbamos a tocar a los lugares y estaban llenos, y la gente nos pedía autógrafos. Pasaba eso. Pero siempre tuve claro que formaba parte de una banda que acompañaba a alguien que había tenido un éxito repentino e impresionante. Por suerte fueron así las cosas desde el inicio, porque cuando me abrí del grupo para empezar a cantar sola, pasé de lugares con cinco mil personas a un lugar con cincuenta.

-    ¿Y quién cuidaba a quién? Al ser la única mujer, ¿te cuidaban, o  vos hacías una especie de mamá de ellos?

-    Creo que todos nos cuidamos como pudimos, cada uno a sí mismo y entre nosotros. No hacía de mamá de nadie. Éramos muy independientes. Yo tenía, por supuesto, una relación con Juan, y entre ellos se conocían desde hacía muchos años. Entré en escena a través de mi relación con Baglietto. Éramos buenos compañeros de trabajo pero nunca fuimos amigos. Existía, sí, la intimidad de las giras, porque trabajábamos mucho y compartíamos muchos momentos, pero después no era que estábamos todo el día pegoteados…

-    ¿Seguiste viajando frecuentemente a Rosario?

-    Los primeros dos años, sí. Muy frecuentemente. Tenía un día y medio, y viajaba. Extrañaba muchísimo. Mi papá ya estaba viviendo en Buenos Aires, pero mis amigos y el resto de la familia estaba allá. A veces me iba para charlar con ellos, solo una tarde. Después me fui acostumbrando, y ahora ya hace muchos años que estoy acá. Pero los primeros años sí fueron muy duros, y de muchísimo trabajo. Hacíamos, a veces, tres shows por día. Y éramos todos muy jóvenes.

1983, el año en que volvió la democracia, fue trascendental para Silvina. Grabó su primer disco como solista, y Eduardo Mignona la convocó para su ópera prima: “Evita, quien quiere oír que oiga”. Cantó las canciones de la película y fue la voz de Eva Perón. También en ese año viajó a Washington representando a Argentina en el festival de la OTI, con canciones de Lito Nebbia. Con el tiempo, Lito se transformaría en un gran amigo. Hoy sigue comprometida con la música en todas sus instancias:

-    Me gusta todo el proceso: ensayar, grabar, tocar, ir de gira, y hacer conciertos, que es lo más lindo que hay. Me encanta tocar en vivo. Disfruto todo. Cada parte del proceso tiene su encanto y además tengo un muy lindo grupo de trabajo. Muy buenos músicos y muy buena gente. Es un placer trabajar con ellos.

-    Respecto de estos últimos años, ¿hay una decisión tuya de transitarlos alejada de la televisión?

-    He cumplido con algunas cosas que requerían ir a programas de televisión a promocionar lo que estaba haciendo. Pero nunca trabajé de personaje. Si hay programas musicales, donde uno puede ir a tocar en vivo, me encanta ir. Así como hay algunas cosas que canto y otras que no me interesa cantar, hay algunos programas donde me interesa ir y otros no. Tiene que ver con una estética. Con el tipo de artista que soy. En algunos lugares me siento representada, y en otros no. Y además, pasados ya tantos años de carrera, uno tiene no solo el derecho, sino el lujo, de elegir adonde va y adonde no…

-    ¿Estás muy pendiente del cuidado de tu imagen?

-    Me interesa el cuidado en general, incluye el cuidado en imagen. Trato de alimentarme bien, de dormir bien. Cuido mi salud mental, hago análisis. Para mí todo eso hace al cuidado de la salud física y mental.

-    La pregunta iba referida a la exacerbación del cuidado de la imagen que hay hoy en día, que también atañe a los artistas, y  si te pesa esto…

-    No. Lo vivo bien. En mi caso, no dependo de mi imagen. Sí la cuido porque me expongo públicamente. A lo mejor, si trabajara en mi casa, estaría con un jean y en ojotas. No soy una persona que está todo el día maquillada. Me maquillo muy poco. Pero no dependo de eso. A mí no se me reconoce por cómo estoy vestida, peinada, sino por lo que canto y por la música que hago, y siempre ha pasado eso por ahí. Tengo la coquetería femenina y el cuidado de que me gusta verme bien, no solo mostrarme, sino verme bien. Pero no soy una fanática.

-    ¿Cómo ves, lejos de Rosario, su movida cultural? ¿Estás al tanto de los músicos que van surgiendo?

-    Ahora viajo muy poco. Paso cuatro o cinco meses sin ir… Se me hace muy difícil, por todas las actividades que tengo. En cuanto a la movida cultural de allá, sé que hay buenos grupos. Por Fabián Gallardo me llega información de bandas. Me gusta una que se llama “Vudú”… Rosario tiene una historia musical propia… No sé porqué hay tantos… Es misterioso para mí. No solo en la música, ha habido personas muy valiosas en otras expresiones artísticas: en la danza, en el teatro, en el cine… No tengo una respuesta para eso, pero me encanta formar parte de ese grupo.

-    Y cuando pensás en Rosario, ¿qué imágenes se te vienen a la memoria?

-    Muchísimas… Rosario es mi infancia y mis amigos, ¡como la canción de Lalo de Los Santos! Mis abuelos, mi casa, las plazas. Me encantaban las plazas, iba a muchas. Siempre vuelvo en verano, me gusta más el calor. En verano, Rosario florece. Ahora iremos para hacer la presentación del disco, pero todo depende cuando salga, a lo mejor estaremos en febrero.

-    Si tuvieras que elegir una canción tuya, ¿cuál sería?

-    En Blanco y Negro Buenos Aires…Representa mucho para mí: es una canción de amor a Buenos Aires. Haberla escrito significó que me había sentido, por fin, alojada. Porque yo tardé en sentirme alojada  y protegida en Buenos Aires, en sentir que esta ciudad era mi hogar. La escribí cuando, estando de viaje,  en vez de extrañar Rosario extrañé por primera vez a Buenos Aires. Ahí me di cuenta de que nos unía un lazo amoroso, y para mí fue muy importante porque ya había tomado la decisión de quedarme a vivir acá. La ciudad empezó a ser más amable conmigo, y yo con ella, así que le hice una canción.

Viarosario en diálogo con Silvina Garré

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