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La Tropilla Rosarina

Revista Rocker. 
Diciembre de 1984.


Veinte años después de que Litto Nebbia bajara a Buenos Aires con sus gatos salvajes, un puñado de rosarinos anda haciendo un buen revuelo: Baglietto, Fito Páez, Silvina Garré, Jorge Fandermole, Adrián Abonizio, Rubén Goldín y Lalo de los Santos, entre otros. Ellos consiguieron darle un nuevo perfil al ya variado espectro de la música popular joven del país. Y aquí están: con sus viejas historias, con sus realizaciones, con sus propuestas. Son verdaderos pura sangre que van doblando el codo después de una largada espectacular, prometiendo hacer una gran carrera. Esta es...

Debe haber sido a principios del `82.
Por la redacción del "Expreso Imaginario" -viejo y querido Expreso- pasaron de visita, a eso de las siete de la tarde, Juan y Silvina. Los dos andaban estrenando su provinciana sencillez en las calles de Buenos Aires y no tenían más que esperanzas en el bolsillo. Cuando terminé de corregir una nota, ordené algunos papeles y salimos caminando por Cabildo, para el centro.
No tenían un mango. Estaban parando en el hotel del Sindicato de Operadores de Radio (AATRA), que está en Córdoba al 3400, mientras esperaban . . .

El venía de gastarla en el Festival de Música Popular que organizara Humor en Obras, en agosto del año anterior había hecho "un desastre" en La Falda -donde la gente cantó sus temas como si los conociera de largo tiempo- y ya estaba terminando de grabar su primer disco.

El y ella no lo sabían: faltaba muy poco para el gran salto. Pero en ese momento no eran nada más que una pareja de rosarinos pelilargos, con ropa muy amplia, con zapatillas y sin un mango. Aquella tarde, obviamente, nadie los paró por la calle. No eran famosos. Ya lo serían.

Un par de meses después se produjo el boom. "Mirta, de regreso" copó las radios, la figura de Juan --sentado junto a un pibe, en una remake de Chaplin apareció empapelando todo Buenos Aires, y el mismo Obras que lo había descubierto se llenó -fue el 14 de mayo del `82- durante la presentación oficial del primer álbum: "Tiempos difíciles"

Había aparecido Baglietto. Y no había sido por una casualidad Tenía un background de talento y experiencia suficiente como para bancarse el sacudón que pega la fama al llegar.
Había aparecido Baglietto. Pero no estaba solo; detrás de él se venia una tropilla musical que terminó produciendo el fenómeno renovador más saludable de los últimos tiempos en la música popular joven del país.

Baglietto -aunque pocos lo sabían en aquel momento- no era el invento de un productor discográfico. De ser el cantorcito de la familia y número puesto en las fiestas escolares, durante el primario, había llegado a ser una figura trascendente en Rosario. Después de un tiempo de conocer la música y de conocerse a sí mismo, un día se integró a un grupo de su ciudad: Irreal. Y allí empezaron las grandes cosas. Grandes para aquel momento ... pero muy pequeñas por la dimensión de lo que vendría después. Los Irreal fueron, durante varios años, puntales del rock rosarino. Allí revistaron muchos nombres hasta que se consolidó una formación: Beto Corradini en guitarra eléctrica, Daniel Wirzt -hoy en la Banda de Fito Páez- en batería, Juan Chianelli en teclados, Sergio Sainz en bajo y Piraña Fegundez en percusión y traversa -un actual y un ex de la Baglíetto's Band- ... y el mismo Juan en voz y guitarra acústica.
Como suele ocurrir con las bandas del interior -que tienen el mejor nivel- los Irreal nunca pudieron grabar un disco; sólo quedó el testimonio de un discreto cassette grabado en vivo los días 11 y 12 de febrero del `80 en el Teatro de la Paz, en Tucumán. Los temas que figuran en esa cinta -que hoy no se consigue.- son "La censura no existe" y "El gigante de ojos azules" (que Juan terminó grabando en su segundo y tercer álbum, respectivamente), "Cucarachas para el desayuno", "La nena y el lobo", "El matemático", "Romance a la muerte de Ana Vieyra", "Tango (ma non troppo)" y "Músico pese a todo".

A fines del `80 se escribió la última parte de la historia de "Irreal": la censura asesinó el proyecto.

¿Por qué? Saquemos cuentas: estábamos en plena dictadura. El "Tango (ma non troppo)" había sido arreglado como una obrita por mimos y el grupo, bajo el nombre de "Alicía en el país de las M ... ". "La nena y el lobo" era una versión super libre de Caperucita Roja. Y encima los Irreal tenían la idea de presentar la obra "1492 o un día de estos", que hablaba de la colonización de América contada por los mismos indios, esos que fueron invadidos; sometidos y masacrados.

La presión fue tan fuerte que en diciembre Irreal se desarmó.
El río venía sonando. Y por eso Juan no se paró. En enero del `81 reapareció -ya como solista- en un festival realizado en el anfiteatro de Rosario. Y dos meses después comenzó a actuar en el Café de la Flor.

En ese boliche, ubicado en pleno centro de su ciudad, Juan tocaba con un grupo en el que figuraban, entre otros; el Zappo Aguilera y un flaco pelilargo que pasaba horas y horas tocando el piano: Fito Páez.
En el Café de la Flor -donde también actuaba una banda liderada por el guitarrista y cantante Rubén Goldin- Juan conoció a una flaca de hermosos ojos claros, a la que invitó a cantar: Silvina Garré.
Un tiempo después de haberse conocido, Juan y Silvina empezaron a actuar como dúo. El hacía "Pequeña serenata diurna" de Silvio Rodriguez y "Carta de un león a otro" de Chico Novarro (que terminó incluyendo en su tercer LP), entre otros temas. Ella cantaba "Para Victoria" de Roque Narvaja y "Serenata para la tierra de uno", entre otros. Y también hacían temas a dúo.

En el Café de la Flor un productor de Buenos Aires que por entonces representaba a Facundo Cabral, Julio Avegliano, lo escuchó a Baglietto. Convencido de que ese pelilargo podía llegar a ser muy grande, Avegliano hizo todo para que Juan participara en el Festival que Humor estaba organizando en Obras, mientras Sinatra se presentaba en el Sheraton Así empezó la historia.
Varios temas de los que figuraban en el primer álbum de Juan los firmaba un pibe de dieciocho años: Fito Páez.

Cuando apareció al lado de Baglietto, sólo algunos repararon en él. Pero al poco tiempo todos terminaron convencidos que era uno de los más grandes talentos surgidos en los últimos tiempos.
Este pura sangre, que llegó con la tropilla rosarina y que rápidamente se destacó, tampoco era un improvisado cuando asomó en Buenos Aires. A pesar de sus pocos añitos, ya traía un toco de experiencia.
Mediados del `79 -dieciséis años, anoten- formaba parte de "Noelalia", una agrupación artística dedicada a la música, la plástica y la artesanía entre otras cosillas.

A principios del `80 Fito formó parte de "Sueñosía" una banda de "folk-rock" (SIC) que integraban, además de Páez, Fabián Gallardo -autor de "La música me ayuda" "los días por venir", último líder de Boulevard y actual guitarrista en la banda de Fito -, en guitarra y voz, Eduardo Carbi, batería y Luis Fuster en bajo. En el número 44 del Expreso, en la página "Noticias del Interior". aparece por primera vez un comentario sobre esa banda, y los elogios no son pocos. La nota dice que "un estilo melódico caracteriza a Sueñosía" y que "las composiciones se adueñan del público a poco de empezar. La calidez y el buen gusto es la clave que emplean". Firma el comentario... Rodolfo Páez (el mismo Fito, claro).

"Después de aquella experiencia Fito formó su propio grupo Staff "Fue el primer grupo mío que sonaba decentemente", dice hoy.
Un tiempo después Páez entró a "El banquete", donde también tocaba Rubén Goldin. En junio del `81, mientras ese grupo se preparaba para unos viajes por la provincia, Fito realizó su primera presentación como solista en la sala de La Asociación Cristiana de Jóvenes, junto a un grupo llamado "3 más 1".

Cuando "El banquete" estaba servido -y había consolidado su formación- Fito se largó definitivamente con Juan, era noviembre del `81. Un mes después empezaba a grabar en Buenos Aires el primer álbum.

Con sus cortos veintiún años -los cumplió el pasado 20 de marzo- Fito ha pasado a ser el más alto exponente de la nueva generación de compositores del rock argentino. Claro en sus textos y rico para las melodías ha conseguido producir en el último par de años una cantidad tal de temas que recuerda a Litto Nebbia, "el" prolífico.

Para quienes quieran sacar cuentas, va una "pequeña" lista de sus temas más celebrados: "la vida es una moneda", "Actuar para vivir", "En la cuerda floja", "Puñal tras puñal", 'Tratando de crecer", "Un loco en la calesita", "Tiempos difíciles". 'Pa' trabajar". "Del 63", "La rumba del piano", "Tres agujas", "Cuervos en casa"... muchos más. ¿Qué tal?

Lo nuevo de Fito es bien conocido: tecladista en la banda de Charly -el flaco no es ningún tontito para elegir secuaces, debutante como solista en el disco -su "Del '63" vendió más de setenta mil placas-, etc.
Este "pibe de barrio, buen tropero en la partida", que es "un miembro más del circo desesperado, un punto en el planeta, un bicho que camina" -como él se autodefine tiene muy en claro sus cosas: "Todavía me emocionan ciertas voces, todavía creo en mirar a los ojos, todavía tengo en mente cambiar algo, todavía y a Dios gracias todavía". dice.

Un movimiento tan grande y de tanta calidad como el gestado en Rosario en los años `70 tuvo en Baglietto el punta de lanza ideal. Por un lado, porque Juan es un excelente artista que tuvo el resto suficiente como para soportar el primer gran cimbronazo del éxito; y por el otro, porque sus dotes de brillante intérprete fueron una carta ideal de presentación para los autores de su ciudad; que también estaban pugnando por trascender en gran escala.

Dejando de lado el caso de Fito, que ya he comentado más arriba, hay dos autores que consiguieron renombre por Juan: Jorge Fandermole y Adrián Abonizio.

"Era en abril", el tema romántico del primer LP, ése que contaba la triste historia de la pareja que perdía a su hijo a poco de nacer, lo escribió Fandermole.
"Mirta, de regreso", el hit testimonial lo escribió Abonizio.
Pero estos rosarinos son mucho más que los creadores de dos éxitos.

Fandermole, además de escribir maravillas, toca la guitarra y canta muy bien. Para el segundo álbum de Baglietto ("Actuar para vivir") se descolgó con una bellísima canción: "Río marrón". Y en el tercero ("Baglietto") apareció con otra hermosa melodía: "Jeremías".
Desde los ya lejanos tiempos de un dúo (Fandermole-Garabelli) hasta la actualidad, la producción de Jorge ha sido constante.

En el mismo sello que Juan se editó su primer LP como solista, Es una placa excelente -sí ex-ce-len-te- que si hubiese tenido un lanzamiento parecido al del primer álbum de Baglietto habría logrado una trascendencia mucho mayor de la que tuvo sin apoyo.

Con una voz afinada, bien colocada y dueña de una significativa calidez, Fandermole registró una docena de temas entre los que se cuentan verdaderas perlitas: "Pájaros de fin de invierno", "Aromas de Guadalupe" (para mí, lo mejor del disco), "Compañía nocturna", "Fuegos antiguos" y "Río marrón", en una nueva versión, entre otros.

Abonizio es un poeta más duro que Fandermole. Sus letras casi siempre tienen un mayor acercamiento al testimonio pero su altura las hace sobrevolar notablemente sobre el incómodo terreno del panfleto.

Después de haber hecho cantar al país con "Mirta, de regreso", Abonizio reapareció en el tercer LP con dos composiciones de nivel: "La historia de Mate Cocido" (dedicado a uno de los últimos bandoleros románticos argentinos que supo andar en los años `40 en el noreste del país, del cual alguna vez les contaremos más en detalle) y la notable "El témpano", que describe, como se ha conseguido hacerlo en contadas ocasiones, situaciones muy conocidas por los argentinos: "Recuerdo la quietud de la tierra: la quietud estaba adentro. Se cree más en los milagros a la hora del entierro. Este hombre trabajó: ¿quién escribirá su historia? La cal reseca, la viuda que sueña, los amigos que siguen igual, la gloria en zapatillas, el florero vacío ... quién sabe si se puso a pensar para qué vivo. Vivo para no perder. Voy hacia el fuego como la mariposa, y no hay rima que rime con vivir: no se paren, no se maten. Sólo es una forma más de demorarse".

Adrián Abonizio fue uno de los integrantes originales del renombrado Irreal, y fue quien dejó su puesto a otro luchador de Rosario: Baglietto.

Después, Adrián fue casi siempre solista. Solo se recuerda su paso por "La Terraza" un grupo que existió a fines del `80 y que alistaba al mismo Abonizio en guitarra y voz, Ricardo Topo Carbone en batería y el Mono Konan en flauta traversa.

Para la edición `83 del Festival de La Falda, Adrián formó un dúo con Fandermole y así presentaron sus materiales. Hace un par de semanas Abonizio debutó discográficamente. En CBS grabó su música con "Plantas argentinas" -un excelente testimonio escrito en agosto del `82- y "Los rieles de San Pedro", entre otros temas.
El cuarto autor preferido de Baglietto (al menos así fue en los dos primeros álbumes) es Rubén Goldin. Más intrincado que Fito, curtiendo una onda distinta al resto de los rosarinos, Goldin aparece como una interesante alternativa. Sus textos, no tan directos pero sí ricos en imágenes, acompañan fluidamente las melodías -muchas veces cercanas al folklore que llega a escribir.

Rubén formó parte de El Banquete y también tuvo un grupo, llamado inequívocamente Goldinbanda, con el que se presentó en un festival llamado Discepolin.

Además Rubén fue integrante de la primera formación de Pablo, el Enterrador, un ya mítico grupo rosarino en el que también revistó Lalo de los Santos.

Es el más "viejo" de la camada de rosarinos que llegaron a Buenos Aires, tiene veintinueve años. Junto a Lalo, tuvo un paso por Buenos Aires hace diez años: fue integrante de la banda de Raúl Porchetto (aquella inmediatamente anterior a Reino de Munt), donde también aparecía un porteño retacón de llamativa sensibilidad: Alejandro Lerner...

Goldin y su mujer volvieron a Rosario cuando ella quedó embarazada, y en su lugar ingresó otro buen guitarrista: Gustavo Bazterrica.
Rubén está preparando su primer LP y mientras tanto es el guitarrista de la banda Moro-Satrani.
El compañero de Rubén en el original Pablo el Enterrador y en aquella aventura por Buenos Aires en los `70 Lalo de los Santos, es uno de los "ahijados" predilectos de Litto Nebbia.
Lalo arrancó a los catorce años y a los dieciocho viajó a Buenos Aires para tocar con Raúl. Cuando volvió a Rosario se integró a "Pablo ..." y, alejado de esa banda, se instaló nuevamente en la Capital; fue en el `80. Después de haber acompañado a varios solistas, como Raúl Peña, se sumó al dúo de Juan y Silvina para hacer presentaciones en pubs, allá por los comienzos, poco después del Obras del lanzamiento, en mayo del `82.

Su siguiente trabajo de importancia lo tuvo en la banda de Silvina, grabando en su álbum debut "La mañana siguiente" .

Es el compositor del hermoso "Tema de Rosario". Esa canción le sirvió para presentarse y abrir las puertas que le posibilitaron registrar su primer LP: "Al final de cada día" donde figura -además de su clásico- "Para la gente del barrio", "Silbándole a la luna", "Goldianía" (obviamente dedicado a su amigo Rubén, en el que dice: "En un acorde de guitarra te encontré. Pude verte como ayer, dibujando piruetas con alguna melodía. Éramos John y Paul en cada anochecer con el mismo sueño que hoy no quiere dejarnos salir de la melancolía"), "Alguien se muere de amor" y "Al maestro con música", un instrumental dedicado a Litto Nebbia, con un fragmento al final de "La chica del paraguas".

En el álbum colaboraron, entre otros, el propio Litto, Fat's Fernández, Alejandro del Prado, Roberto Domínguez Neves y -como no podía ser de otra manera, señoras y señores- algunos rosarino: Daniel Wirzt, el Topo Carbone, aquel de El Banquete; Ariel Pozzo, ex Boulevard; y Goldin.

¿Y aquella dulce voz que acompañaba a Baglietto (no sólo en el hit "Era en abril"?).

Silvina Garré a comienzos del `81 era una muchacha rosarina que estudiaba música -piano, flauta y armonía y que solía cantar solamente en ronda de amigos.
En marzo de aquel año lo conoció a Juan y comenzó su carera -como ya se contó- en el Café de la Flor. Cuando se formó el eventual trío con Baglietto y de los Santos, Silvina cantaba entre otros temas "Para vivir" de Milanés y "Más que loca" de Nebbia.
Después de ser la vocalista femenina en el grupo del gran éxito comenzó la grabación de su primer LP; fue en diciembre del `82. En mayo del año siguiente hizo la última presentación en la banda de su compañero de primeros pasos.

Asumida definitivamente como solista Silvina hizo algunos trabajos junto a Litto Nebbia, y en uno de ellos lo acompañó en la final del Festival OTI de la Canción, en Washington. Allí cantó, el 29 de octubre del `83, "Charlaciones".

A mediados de noviembre Litto le propuso grabar la banda de sonido del film "Quien quiera oír que oiga", inspirado en la vida de Evita.
Hace un mes apareció el segundo LP, titulado "Creerás en milagros", en el que figuran temas de Iván Lins, Fito y Litto. Con tantos creadores unidos por un origen común, era lógico pensar que alguna vez se juntaran para un espectáculo común. Y así lo hicieron.
Se llamó "Rosario Rock '83", pero el titulo inicial fue el que quedó en la memoria de todos: "El rosariazo".

El primer concierto se realizó en la ciudad que fue cuna del movimiento, fue el 19 de marzo del año pasado. Y la experiencia se repitió en Buenos Aires, poco tiempo después: los días viernes 13 y sábado 14 de mayo.

Allí estuvieron junto al viejo y gran maestro -también rosarino, claro- Litto Nebbia, y al otro pilar, Baglietto el resto del malón: Fandermole, Abonizio, Silvina, el grupo Boulevard y la solista Ethel Koffman.
Como testimonio de aquel encuentro se grabó un álbum doble en el que aparecen "El tema de Rosario", de Lalo; "El témpano", en versión de la Koffman; los primeros registros oficiales de Baglietto en vivo ("Sobre la cuerda floja" y "Pa' trabajar"); "El tema del candombe", por Boulevard; Silvina, con "Vieja rata" y "Se fuerza la máquina"; "El tema del vino", por Fandermole; un mediocre y no claro ejemplo de lo que hace Abonizio, con "Miedo del miedo"; dos temas de Litto ("Carlos Charter" y "Otra familia"), más un par de reuniones eventuales: Litto con Silvina haciendo "Paseo americano"; y con Juan, "Canción sin puñales" y "Yo no permito".
Aquí termina la historia. Esta historia; pero no la historia de los rosarinos. Porque seguirán cantando. Porque seguramente harán más grande su movimiento. A ellos, gracias por hacernos sentir que todavía nos emocionan ciertas voces.

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