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Libros



1993 Pena Privada. Silvina Garre

Editorial Beas. 103 páginas. ISBN 950-834-031-2
Primer libro de poemas de la autoría de Silvina Garré.


Silvina Garré, autora,
compositora y cantante, nació en Rosario
(Pcia. de Santa Fe) en 4 de
octubre de 1961. En su ciudad
natal, cursó estudios de
Armonía, Piano, Flauta
Traversa, Guitarra, Audioperceptiva
e Historia de la música.
Figura destacada del
movimiento musical rosarino
que diera nuevo aire a la 
música popular argentina, se 
halla actualmente radicada 
en Buenos Aires, donde estudia
Psicología. Al mismo tiempo
disfruta de sus amigos,
compone permanentemente y
prepara su próximo disco.
"Pena Privada" es otra
vertiente de su prolífica
actividad creadora.


Tanto la autora como el editor
apreciarán recibir sus 
comentarios, críticas o
sugerencias. No garantizamos
que todas las cartas dirigidas a 
Silvina sean contestadas, pero 
sí que le serán entregadas.
Correspondencia a:
Beas Ediciones
Inclán 3945
(1248) Buenos Aires
Argentina.

"Tenían siete casas inevertidas
y una luz sigilosa y a lo alto.
Esperaban a dios en cada esquina
y sonreían, tímidamente.

Visitaban las horas de la noche
y convidaban chocolates al cielo.
Esparcían las cenizas sin saber
que de ese suelo nacerían estos sueños.

Eran bellos así,
eran mezquinamente bellos,
generosos, mutantes,
especiales.

No ocultaban su ritmo y su embriaguez
y caminaban protegiendo sus alas,
uno de cada diez lloraba miel
y los otros restantes lo envidiaban.

Dormían con el sol y su grandeza
y tiraban argollas a los álamos.

Miraban, me miraban
cuando yo me alejaba.

Eran bellos así,
eran inmensamente bellos,
satisfechos amantes de la música.

Eran reinos así
de cristal y hojas secas
mis amigos, amantes de la música."

 

 

 

1997 Mina de rock. Karim González

Editorial Atuel. 224 páginas. ISBN 987-9006-44-5
Libro con cronología de las artístas del rock argentino y entrevista a diez de ellas.

 

Agradezco la buena voluntad de:

Gabriela Parodi, Carola Kemper, 
Patricia Sosa, Fabiana Cantilo, Silvina Garré,
María José Cantilo, María Gabriela Epumer,
Claudia Puyó, Carmelas (Bárbara Baiz, 
Viviana Rama,Clea Torales, Patricial Olivera,
Lorena Mayol), Cecilia Baraz;
Y Celza Mel Gowland por sus fotos.
A los amigos que cofiaron en mí:
entre ellos Marisa Borda, por darme
aliento en esta tarea.
Y a mi hermana, Sandra Viviana
por todo su apoyo.


Karim González. 1997

 

Ficha personal:
Nombre completo: Silvina María Garré
Fecha de Nacimiento: 04/10/61
Lugar: Rosario - provincia de Santa Fe
Estado Civil: Separada
Instrumento: Voz, Guitarra y Piano
Señas Particulares: "Ojos grandes / Curiosa"

 

Integrante de la segunda generación de la mítica trova de músicos rosarinos que, en los '80, supo recalar en la urbe capitalina de la mano de Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, logró obtener un lugar de privilegio entre nuestras cantantes. Con su personal estilo y ese aspecto endeble, de muñequita frágil a punto de quebrarse, que combate con amplia fuerza interpretativa, encontró en las estrofas de una canción profunda, el sentimiento perfecto para definir su motivo. El mismo que la impulsa a sentarse frente al ajetreo de un grabador y perpetuar allí sus recuerdos de infancia, la llegada a Buenos Aires, los primeros conciertos, cada nuevo emprendimiento y su particular visión de la vida.

"Tuve un ambiente musical en mi casa, desde chica", -dice Silvina, de entrada, tratando de encontrar las razones que la condujeron a vincularse, desde el vamos, con la expresión musical. "Mi mamá tocaba la guitarra y digamos que ese fue mi primer acercamiento con algunas canciones, que me enseñó ella. Mi vieja tenía un librito de canciones y estudiaba por colores. Cada color era un acorde, como se estudiaba en esa época, y yo le robaba, de chica, el librito como para curiosear de qué se trataba. Además, desde muy chicas, mi mamá nos mandó a estudiar guitarra a mi hermana y a mi..."

"Otro acercamiento con la música es la participación en un coro", -rememora, luego, con sus inmensos ojazos azules y agitando la cabellera, que ahora luce dorada. "Yo estaba en un coro que se llamaba Pablo Casals, que era un coro de Rosario en el que era solista. Y salíamos a tocar por la provincia de Santa Fe, hacíamos recitales por Rosario y, en gira, por varios pueblos. En ese momento tenía 11 o 12 años".

"Cantaba desde muy chiquita. Recuerdo que, desde los 5 o 6 años, me hacían cantar en mi casa, en las fiestas y en familia. En especial en las navidades. En mi familia ninguno es cantante, pero a todos les gusta mucho cantar. Y cantan bien; mis viejos cantan muy bien y mi hermana canta bárbaro. Pero ninguno se dedicó a la música". -explica la chica de mirada azul, mientras se desploma en una mesa de café. "En todas las navidades cantábamos en familia. Villancicos. Yo siempre digo por qué la música es tan importante, no sólo como medio de expresión, por lo que me ha dado a mí, sino porque tengo un recuerdo muy vívido de mi familia toda junta, cantando en navidad. Y no tengo muchos recuerdos de la familia junta. Entonces es piola que tenga este recuerdo de la familia, justamente haciendo música... Mi abuela cantaba, mi abuelo también, pero lo hacían en su casa".

-¿Y qué tipo de música se escuchaba en tu casa?

-De todo. Mi casa era un lugar en donde se escuchaba bastante música. Y después coincidió que mi hermana se puso de novia con un fanático de la música, un chico que era de un pueblo de la provincia de Santa Fe y que vino a estudiar a Rosario. Y tenía una colección de discos impresionante. Por él yo conocí a Joni Mitchell. Tenía toda la colección de Los Rollings, de Génesis, de Yes, de Emerson, de Steve Wonder. Todo lo que se te pudiera ocurrir. Desde los grupos más remotos hasta los más grosos...

-No tenías necesidad de comprarte nada, entonces...

-Nada. Y además, él no tenía dónde escucharlos y trajo todos los discos a mi casa. Fue milagroso porque ahí tuve un acceso a la mejor música. Yo tenía 14 años cuando él trajo a casa toda esta música, así que un poco le debo al novio de mi hermana, por ese entonces, mi apreciación musical. Porque en mi casa había alguna música, clásica, discos de Frank Sinatra, Liza Minelli, otra música, que era la que escuchaban mis viejos. Digamos que con la llegada de este material yo conocí muchísimas cosas, de las cuales, después me hice fanática. Además descubrí a Arco Iris, Pescado Rabioso, todos los discos de Spinetta e Invisible. Más tarde, con Charly y Sui Generis, yo ya había empezado a ir a los recitales. O sea que no lo conocí a través de los discos. El primer recital que fui en Rosario fue al de Sui Generis, cuando presentaron el disco "Aprendizaje". Después, con los discos "Instituciones" y "Adiós Sui Generis", fueron mis primeros conciertos. Y a partir de ahí, con "La máquina de Hacer Pájaros" y además, empecé a ir a recitales con más asiduidad.

-¿Y desde ese entonces, cuando observabas abajo del escenario, ya sentías ganas de estar arriba?

-¿Sabés que no? Yo tenía ganas de estudiar música. No pensaba en estar arriba de un escenario. En realidad, me quería anotar en el Instituto de Música de Rosario, cuando terminé la escuela. - en el Colegio Adoratrices-, pero era muy lento todo. Eran clases de mucha gente y muy complicado porque se tardaba mucho tiempo. Entonces empecé a laburar de secretaria de mi viejo. -(Esteban Garré, prestigioso cirujano plástico)-, y con esa guita me pagaba las clases. Así hice todas las materias que yo quería, que tenían que ver con toda la Historia de la música, Armonía, Audioperceptiva, Piano y Flauta traversa, con profesores particulares. Entonces, digamos que hacía las materias del instituto pero por mi cuenta y avanzaba muchísimo porque tenía todas las semanas clases. Me encantaba estudiar, me gustaba muchísimo. Y mi idea era esa: estudiar. Como yo escribía mucho, a mis 17 años me regalaron un piano, porque antes siempre estaba practicando con pianos prestados; -iba a lo de una amiga de mi vieja que me prestaba el piano o si no a un Instituto de Música, como para estudiar y practicar. Después ya tuve mi piano y empecé a hacer las primeras canciones, a mis 17 años.

-¿Alguna de ellas hoy conocida?

-No, ninguna de esas. La primer canción que yo mostré fue "Palmas azules". Pero después no. Tenía otra cantidad de canciones que nunca mostré a nadie. Y además no las canté. Jamás las canté, ni en vivo. Pero algunas eran bastante pasables te diré. Eran bastante buenas... (Se ríe)... Y bueno, ahí me puse a escribir; tenía muchísimas letras. Y después, ya con el piano, empecé a hacer canciones.

-¿Siempre estudiando paralelamente?

-Estudié estas clases, más o menos, un año y pico. Pero jamás estudié canto, por ejemplo. Hace ya doce años que hago foniatría con una fonoaudióloga, pero no tengo profesora de canto. Lo que hago tiene que ver con el cuidado del instrumento, con que se amplíe un poco el registro y que la voz tenga mejores graves y que los agudos no sean forzados. Pero no es una clase de canto... Lo que si estudié es inglés. Me anoté en la facultad, en Rosario, a estudiar profesorado de inglés. A mí me gustan mucho los idiomas y dije: "bueno, voy a ver". Cursé todo un año, di sólo un examen, y en ese interín en el que estaba cursando la facultad, lo conocí a Baglietto.

-Y ahí comenzó a tejerse el primer punto...

-Así es. Digamos que ahí conocí a Baglietto y a Fito y a Rubén Goldín. Y Juan (Baglietto), se había separado de un grupo que se llamaba "Irreal", en el que la mayoría de los integrantes eran de San Nicolás, y había decidido tocar solo. Entonces lo conocí y me escuchó cantar. Y me dijo: "Bueno, vamos a tocar en algún lugar". E hicimos algunos recitales como dúo, hasta que se agregaron Fito y Rubén.

-Entonces. ¿Casi enseguida surge la posibilidad de viajar a la Capital?

-Casi enseguida. Justo salió, en el '81, la posibilidad de representar a Rosario en el festival de Obras, que organizaba el antiguo pub La Trastienda y la revista Humor. Se requería la participación de un artista que representase a cada ciudad y, en todo eso, hubo un señor maravilloso, Julio Avegliano, que falleció, que fue el primer representante que tuvo Baglietto. A través de él pudimos grabar. Él fue el que peleó por Baglietto y lo presentó en la EMI y se empeñó hasta la coronilla porque creía muchísimo en lo que hacía Juan. Avegliano nos escuchó en el primer pub que hubo en Rosario, en el Café de la Flor, cuando cantamos tres o cuatro temas (Juan y yo), en una fiesta de una escuela. El estaba ahí, porque conocía al dueño del pub y fue a tomar algo, y después de escucharnos cantar, cuando volvió a Buenos Aires, le dijo a Gustavo, el dueño de La Trastienda: "Yo ya tengo quién puede representar a Rosario". Y así fue. Fuimos a la capital y cantamos...

-¿Los temas que tocaron en ese Festival de Música Nacional del Estadio Obras, motivaron la grabación del primer disco de Baglietto?

-Sí, en el festival Juan cantó "Mirta de regreso", "Puñal tras puñal", "La vida es una moneda" y "Era en abril". Por lo menos, esas son las cuatro canciones que más recuerdo. Y a partir de allí se consiguió el contrato con EMI por los temas "Era en abril" y "De regreso...", que fueron, después, los más populares.

-¿Tuvo que ver realmente con una historia que les pasó a ustedes dos, lo que registra "Era en abril"? Ya que como, en ese momento, eran pareja corrió esa versión...

-Sí, hasta el día de hoy me dicen: "Hay que sobrevivir" ¡"Valor"! Hasta hace muy poco me lo decían... Y se fantasea mucho. Siempre parece que las cosas que uno cuenta son cosas que le pasaron a uno. Éramos pareja los dos y entonces se decía que era una historia que nos había pasado, que se nos había muerto un hijo. Pero no es así. Esta es una canción que escribió Jorge Fandermole, no es de nosotros el tema, y es muy vieja. Fandermole la escribió cuando tenía 15 o 16 años, más o menos. Para la misma época que escribió "Canción del pinar", muy de adolescente... "Era en abril" es una canción que escuché en la primera época en que conocí a Juan. Un día estábamos con la guitarra cantando, y yo cantaba unas canciones en portugués con la viola, y Juan toca esa canción. Yo dije: ¡"Esto es maravilloso"! Me emocioné, me puse a llorar y pregunté de quién era. "De un músico rosarino que se llama Jorge Fandermole", -me contestó él. ¡Fue tremendo! Y, cuando surgió la posibilidad de grabar empezaron a sacar canciones: había unas de Fito, otras de Adrián Abonizio, como "Mirta de regreso" y esta de Fandermole. Entonces dije: "vamos a grabar "Era en abril", que es fabulosa". Y, después, a partir de ahí, bueno, empezaron a inventar cosas, hasta el día de hoy. Fue una canción muy fuerte. Para mí fue importante porque, a través de esta canción, se empezó a escuchar la voz mía. Era el tema que más cantaba, porque entonaba una estrofa sola. En lo demás hacía coros. Juan era un solista que generosamente me invitó a participar en sus discos y en ese festival. Yo creo que por lo menos desde mí, le debo mucho a Baglietto en esto de cantar en público.

-Entonces, del "público" que los aplaudió de pie en el festival, pasaron a grabar "Tiempos difíciles", el primer álbum de Juan...

-Hicimos el festival y nos dijeron de grabar el disco. Estábamos en un hotel mientras grabábamos "Tiempos difíciles". Después surgió la posibilidad de ir a La Falda y ahí cantamos "El témpano". Me acuerdo que lo armamos allí. Dijimos: "vamos a hacer otro tema más". Y Juan me dice: "¡Hay un tema de Abonizio que es bárbaro!", entonces armamos las voces en el hotel de La Falda y el tema mató. Inclusive, fue un suceso muy grande lo de Baglietto porque la gente se shockeó mucho con "Mirta de regreso". Y recuerdo que, al otro día del festival, tenían que tocar "Pedro y Pablo" y tuvieron un inconveniente y no llegaron. Entonces los organizadores le pidieron a Baglietto que cante de nuevo. Y cantó de nuevo "Mirta de regreso" y había gente que cantaba parte de la canción. Fue muy fuerte porque había cantado el día anterior, no lo conocían... Bueno, lo de Baglietto fue una cosa muy fuerte. Por la época, por el contenido de la música, porque era algo diferente. Yo creo que era una propuesta distinta de lo que se venía escuchando en la música nacional. Sobre todo por la poesía; eran canciones muy poéticas por sus autores. Esa etapa de Fito, y bueno su actual etapa también tiene mucha poesía, y las letras de Fandermole y Abonizio que eran autores muy importantes... Fue todo muy positivo. Al principio, nos quedábamos y volvíamos a Rosario. Extrañábamos mucho. Yo personalmente extrañaba muchísimo.

-¿Y quién los sostenía económicamente, en aquellos "tiempos difíciles" que probaban suerte en la capital?

-Y cuando grabábamos el disco nos pagaban el hotel y una comida por día que, por lo general, era el almuerzo. Porque, como grabábamos, estábamos desde la mañana y almorzábamos cerca del estudio. Grabábamos en un viejo estudio, cuando EMI todavía tenía estudio propio, ahí en Barrancas de Belgrano. Y, después a la noche, comíamos un paquete de criollitas, manzana, qué se yo, lo que hubiera. Había días en que no teníamos ni para "puchos", ¿Viste?

-Pero, por suerte, después les fue muy bien.

-Con ese disco después nos fue muy bien. Y empezó una maratón de trabajo. Por lo menos los dos años en que yo trabajé con él fueron impresionantes; de no parar de trabajar y lleno total. Había fines de semana en que hacíamos tres shows por día. De todos modos, trabajábamos mucho, pero no ganábamos mucha plata. Nos manteníamos. Si bien el disco se vendió bien, yo no tenía nada que ver con la venta, digamos. Porque las regalías eran para Juan y, además, yo no era autora de canciones, así que no percibí dinero por la venta del disco. Y por los shows, tampoco se ganaba tanta plata.

-¿Creés que, con las cifras que se manejan actualmente, el "Boom" Baglietto hubiera tenido otro rédito, de gestarse en estos tiempos?

-Totalmente. Si Baglietto hubiese tenido en los '90, ese suceso que tuvo, con las cifras que se manejan ahora y la cantidad de gente que va a los conciertos, lo que hizo que los conciertos de rock pasen a ser como un negocio millonario, nos hubiésemos llenado de guita. Pero, en esa época, no era tanta la plata que ganaba, ni se manejaban las cifras que se manejan ahora. No desde mi laburo, sino desde los tipos que llenan tres Obras, diez teatros, y manejan mucho dinero. Por eso no fue tanto lo de Juan. Pero pudimos vivir de esto, que es importante.

-En especial porque, a partir de ese laburo, en el 83, se te dio la posibilidad de grabar tu primer disco solista...

-Eso fue porque el productor de Baglietto, Avegliano, había ido con el cassette a muchas compañías discográficas y lo rebotaban. Pero, justo se produce esto de Malvinas en que se prohíbe pasar música en inglés, y había un señor que se llamaba Jorge Fortunato, que ahora vive en Chile, que era un tipo que sabía muchísimo de este negocio. Había estado muchos años en CBS y, es ese momento, estaba en la EMI, como director artístico. Entonces dijo: "Esto me gusta, va a andar bien". Y lo contrata a Juan. Y después, para el '83, me dice: "Bueno, Silvina, ahora quiero que grabes vos sola". Y, posterior al contrato, hace otro con Fito Páez. Digamos que del grupo de Juan, nos contrata a Fito y a mí.

-Todo un experto en la materia: 72 mil unidades vendidas con "Tiempos difíciles" de Juan; y un buen suceso con "La mañana siguiente", tu primer trabajo discográfico, y con el posterior. "Del '63" de Fito. Ese productor la tenía muy clara...

-Totalmente. Además era un tipo macanudísimo. Con él grabo ese primer disco, "La mañana siguiente", donde decía: "bueno, ¿qué voy a grabar?" Yo tenía algunas canciones pero no me animaba a mostrárselas a nadie ni a grabarlas ni nada. No tenía mucha confianza y además no sabía con qué parámetros juzgar si era bueno o no. Además era muy chica, tenía veinte años, y todavía no me había aclimatado a la ciudad. Sentía mucho desarraigo de venirme de Rosario. En el '83 también me separo de Juan y me quedé un poco en banda. Digamos que tenía los amigos de Rosario y no tenía a nadie aquí en Buenos Aires y extrañaba mucho...

-¡Qué paradoja! Porque, luego "En blanco y negro Buenos Aires", le declarás tu amor a esta ciudad y la describís como tu hogar...

-Sí. Porque, después de tanto desarraigo, empecé a considerar a esta ciudad, mi lugar. "En blanco y negro Buenos Aires" es una canción de amor a Buenos Aires que compuse cuando, tras tres años de mi llegada, comencé a sentirla mi propio lugar. Aprendí a convivir con esta realidad de la ciudad y me empecé a enamorar... (Sonríe)...

-Pero eso fue tras el segundo LP, cuando te animaste a mostrar algunas de tus composiciones. Volvamos al "despegue" con "La mañana siguiente"...

-Ahí acepto la propuesta de grabar de Fortunato. Yo tenía muchas ganas de armar una banda, de elegir repertorio. A mí me gustaba mucho lo que cantaba Juan, pero yo no decidía sobre el repertorio y en un montón de cosas. Hacía coros en su grupo. Entonces me gustó esta idea de, un poco, tomar decisiones y correr ese riesgo. Así armé una banda y me largué.

Entonces, ahí es cuando Silvina se detiene y explica la pugna por hacer valer su sentir, -el que como el de tantas, busca encontrar un espacio en el azaroso universo del rock. "A veces, a lo mejor, el no hacer algunas cosas, hace que tengas menos apoyo", -sostiene-, "porque si hacés las cosas, tal vez, de otra manera, decís: bueno, me van a poner un poco más de plata. Pero yo siempre preferí grabar lo que me gustaba, aunque tuviese un apoyo menor. Siempre la ganancia fue cantar canciones que me gustaran y así lo hice. Y siempre grabé con músicos que yo elegí. E hice las tapas que quise, con el diseño de tapa que quise, el arte que quise. Y eso es bárbaro... si yo miro para atrás veo que algunos discos funcionaron comercialmente mejor que otros o vendieron un poco más que otros. Pero digamos que yo pude ir plasmando las cosas que sentía y mis necesidades..."

-¿Te ves reflejada en cada paso?

-Sí, en cada paso. Y hasta en los errores de los discos. Porque, bueno están mis errores de "pichona" o de falta de experiencia o de profesionalismo. Por lo menos en los primeros en que estaba un poco a la deriva. No sabía bien que grabar ni qué canciones elegir. Hasta que encuentro cierto rumbo cuando yo decido mostrar mis cosas.

-Vislumbraste tu camino precisamente porque mostraste "lo tuyo"...

-Es así. Ya en el segundo disco empecé a mostrar mis temas. Grabé "Palmas azules" y dos temas más. Pero ahí, más o menos. Y después con "Reinas de pueblo grande" pasaron dos años desde el segundo disco y las cosas habían cambiado un poco. Me había mudado y estaba en un lugar cómoda; en un departamento muy pequeño de un ambiente, en un barrio muy lindo donde me sentía muy a gusto y había retomado mis clases de piano. Había vuelto a estudiar y escribía mucho. Yo escribí muchísimo desde los 15 años hasta los 19. Después me vine acá y estuve como dos o tres años sin escribir ni componer nada. Entonces, cuando me mudo, retomé esto de estudiar y de tocar. Me llevé el piano hasta el departamente que alquilé, y empecé a tocar y componer mucho. En esos dos años compuse más de veinte canciones y justo surge la posibilidad de grabar "Reinas..." Y lo conozco a Lito Vitale, para esa época, y lo llamo y le muestro un demo que había hecho con un porta studio en casa, con el piano acústico. Entonces le muestro las canciones y a él le gustó. Y me dijo: "Yo produzco el disco". E hicimos ese disco y fue bárbaro. Porque ahí, bueno, ya decidí muchísimo más. Yo quiero muchísimo esas canciones hasta el día de hoy, en que muchas las sigo cantando en vivo. Y creo que ahí empecé a crear esto que sería después, la música de Silvina Garré. Como cierto sello o cierto estilo que, después, se fue afirmando. Y además, me empieza a ir mejor; empiezo a tener más trabajo y el disco se empieza a vender. Se amplió el espectro de público. Pasaron un montón de cosas buenas a partir de "Reinas de pueblo grande".

-Comenzaste a depositar la confianza en vos...

-Empecé a tener más confianza y más seguridad. Recuperé como toda esta cosa de creatividad, inspiración y conexión con la composición y conmigo.

-¿De qué lugar interno proviene la música, Silvina?

-Mirá, la música viene de tantas cosas: de la infancia, de los sueños, de aquello imposible que uno desea y no sabe si va a suceder... y, a veces, lo hace suceder como fantásticamente a través de las canciones. Yo tengo canciones donde escribo cosas que no han sucedido. Y, de alguna manera, a través de la canción, suceden para mí, un poco ilusoriamente. Pero creo que es un acto absolutamente inconsciente, por lo menos para mí. La composición y todo el acto creativo tiene que ver con el inconsciente. Con sublimar las cosas, a través de la música, y no es un hecho voluntario. Por eso creo mucho en la inspiración. Yo compongo muy rápido las canciones. Por ahí hay etapas en que no compongo nada. Y cuando lo hago, es porque logré cierta síntesis de cosas que han estado inconscientemente dando vueltas y me han estado ocupando y preocupando. Y en la canción, se resuelven. Tiene que ver con muchas cosas...

-Dicen que los que componen poseen un "don" de llevar consigo la eterna compañía interior de la música, ¿Vos lo sentís así?

-Sí, yo siento que esto que me pasa es algo necesario e inevitable. La música, para mí, no es un acto voluntario. Creo que la música está en uno. También, a veces, se tienen que dar cosas para que esto surja, porque hay mucha gente que, a lo mejor, potencialmente tiene un montón de capacidaddes y no las puede expresar. Todos debemos tener mayores capacidaddes de las que desarrollamos, pero, yo, por suerte, desde muy chiquita, fui una persona muy solitaria, con un mundo interior muy rico. Al estar mucho tiempo sola y aislarme mucho, tuve esa posibilidad. Nunca fui una persona de vivir mucho para el afuera. Soy una persona curiosa, no de chusma, sino por estar siempre con la antena parada. Soy curiosa de las cosas que le pasan a la gente. Me interesan las personas. Me gusta la gente que puede contar lo que siente, que puede hablar de sus miedos también y de lo que le falta. No sólo de sus éxitos o logros. Y siempre fui así, de observar muchísimo a la gente. Y de eso hablo. Mi música también tiene que ver con eso: con lo que pasa interiormente, con lo abstracto, con lo psicológico de la gente, con los estados de ánimo. No tiene que ver con algo de afuera, con algo descriptivo...

-Debés chocar bastante con la situación actual de la música, en la que ya no abunda en hecho poetico en sí, como en otras épocas...

-Yo sufro mucho con la situación actual. Pero sufro de verdad, siento mucho lo que pasa. No tengo ningún deseo de adaptarme. No quiero perder mi horizonte y si me adapto demasiado lo voy a perder de vista. Y eso es lo que yo quiero reflejar. Entonces creo que, antes que nada, hay que defender el arte como arte. Y no confundirlo con el espectáculo. Todo lo que yo hago: desde subirme a un escenario, trabajar, ir a un estudio de grabación, tener charlas con la discográfica, hasta dar reportajes, tiene que ver con mi trabajo en esto y con espectáculo. Y hay otra cosa, que no tiene nada que ver con eso, que tiene que ver con el arte, y es cuando yo escucho música y me emociono, cuando yo escribo, cuando termino una canción. Eso es puramente artístico y tiene que ver con las entrañas, con la vocación, con la emoción. Y con una forma de expresión, que es por la que manifiesto lo que soy.
Quizás, mañana encuentro otra forma de expresión y también es válida. Pero en esto de lo que pasa actualmente yo no me siento sola: tengo muchos queridos colegas que sufren lo mismo. Que sufren la falta de profundidad, de calidad en la melodía y en la armonía, de calidad musical e interpretativa. Y de falta de cosas importantes, como la soledad, el amor, la comunicación... Se sufre esta cosa como tan liviana, tan mediocre, tan pobre. Donde, por momentos, siento mucho dolor porque no quiero pertenecer a este medio cuando lo veo que está en estas condiciones. Y entonces trato de resguardarme. Mi público, a veces, me dice: "Si vos te borrás mucho, la gente se va a olvidar". Y yo, a veces, me borro porque necesito protegerme de todo esto que me enferma y me pone tan mal. Y además, cada vez que quiero hacer algo, lo quiero hacer estando en buenas condiciones. Pero respeto a la gente y por respeto a la música. Hay cosas que se escuchan que son de una calidad tan baja, tan anti-musical, que realmente me da pena. Por eso me resguardo. Para recomponerme un poco de toda esta situación a todo nivel.

-Tener una mirada, quizás, más profunda y analítica que el resto, ¿conduce, casi inevitablemente, a un aislamiento y a una autoprotección del individuo, para poder resistir?

-Si uno tiene respeto por lo que hace y amor por la música y tiene sensibilidad, no puede hacer cómo que no se da cuenta. No podés escapar a esto. Uno no tiene que perder el horizonte y entablar contacto con gente piola, que todavía sigue luchando por hacer una cultura mejor y un país mejor, desde el arte. Es la única manera de resistir y autoprotegerse...

-De todos modos, no siempre fue así esta historia de la "mediocridad" musical...

-No. En la época de "Reinas...", en el año '85 y '86, había muchísimos lugares para tocar. Había muy buena música: en el país se grabaron discos fabulosos. Yo creo que era una situación diferente. Era, también, toda esa época posterior a la llegada de la democracia y se necesitaban otras cosas... Yo creo que esto es cíclico. Creo mucho en esto del proceso circular de todo. supongo que, en algún momento, va a resurgir esto de creer en las buenas canciones que sensibilicen, sobre todo, en cosas que conecten con la canción. Porque yo creo que todo esto pasa porque vivimos rodeados de cosas que nos alejan de nosotros mismos y de lo más íntimo: de nuestra emociones. Nos adormece lo que nos rodea, en lugar de motivarnos y volvernos atentos. Yo, por lo menos, en los discos, trato de movilizar la emoción...

-Entonces, hablemos de ellos: de los discos...

-Si. Con "Reinas de puebo grande" yo trabajé mucho. Viví una buena época en la que recorrí todo el país... Y, después, nos juntamos con Juan (Baglietto) y eso fue fabuloso. hicimos muchos conciertos en el Opera. Hicimos el Luna Park, el interior. Ya nos encontramos desde otro lugar porque yo ya había hecho un pequeño camino y la cosa se dio más copada. Hasta que después grabé un disco, que no se escuchó mucho, y es el que tiene mis ojos en la tapa llamado: Silvina Garré. Y ese diría, junto con el último, -"Nuestro lenguaje sagrado"-, es el disco que yo más quiero. Por lo menos el que a mí más me gusta como quedó plasmado. Creo que es impecable, es en el mejor canté. Además, en las composiciones, es muy rico poéticamente. Pero, ahí empezó el "chingui-chingui" en todos lados, y el disco no tuvo la difusión que hubiese querido. Y la difusión es muy importante. Faltan algunos espacios. Creo que tiene que haber espacios para todos los cantantes de todos los géneros y estilos. Pero ahora falta espacio para el tipo de canciones que hemos cantado con Juan. O que hace Marilina, o Sandra, Lerner, o Litto Nebbia. Ese espacio se ha ido recortando demasiado y casi no está. Igualmente seguimos trabajando...

-Lo que siguió luego, fue el disco en vivo en el Teatro Coliseo, ¿cuál fue la sensación de ese álbum grabado tan "en caliente"?

-Fue bárbaro. Yo lo disfruté muchísimo. Es un disco que quedó fabuloso porque no hicimos correcciones. El disco está tal cual el concierto. O sea que la grabación fue fantástica y tiene esa cosa del disco en vivo. A mí me encantó no corregir porque si se empieza a emparchar ya pierde espontaneidad. Acá no corregimos nada: ni los músicos ni yo. La gente votó las canciones. Entonces es un disco que tiene las mejores canciones o las más escuchadas y pedidas por la gente. Y todas tienen un sonido parejo. Fue bueno juntar a todos estos temas en un disco. Yo disfruté mucho estos conciertos. Pensé que no iba a disfrutarlos porque tenía toda la presión de que me estaban grabando. Entonces dije: "por ahí lo voy a vivir con mucha tensión porque me están registrando" Pero me sentí comodísima y lo pasé bárbaro...

-¿Y por qué tardaste tanto tiempo, -cuatro años-, hasta volver a grabar, luego otro disco?

-Hice un "parate". Yo ya no tuve ganas de grabar. Y esto coincidió con que empecé a sentir ese cambio del país y de la música y no tuve ganas. No tenía ganas de mostrar lo que me estaba pasando. Componía para mí, en casa. Algunas situaciones eran muy privadas y yo no tenía ganas de que se plasmen en una canción ni en un disco.

-¿Entonces depositaste tu "Pena privada" en un libro?

-Sí, ahí fue cuando escribí un libro: "Pena privada". Fue en el '93. Me puse a recopilar cosas, escribí algunos poemas más y los sumé a otros que ya tenía. Decidí recorrer editoriales con los borradores y dí con Julio Acosta, que estaba en BEAS, en ese momento, y le gustó. Y así se dio. Eso fue bárbaro porque, además, era como un sueño mío, era una cosa como mucho más antigua que el escribir canciones. Acá escribí cosas sueltas, sin eso obligado de estrofas y estribillos que tiene que tener la canción...

"Además, en ese momento, me voy de vacaciones, en el verano del '93, y cuando vuelvo digo: "Quiero estudiar psicología", cuenta entusiasmada. "Quería ir a la facultad. No tenía ganas de tocar en vivo, hacía muy pocos conciertos, y se me dio por estudiar. Quería hacer otra cosa para enriquecerme. Algo distinto de lo que había hecho hasta ahora. Y me anoté y fue mágico. Porque en el '93 y en el '94 estudié mucho, para sorpresa mía..."

-Porque esa carrera va al dedillo con tu personalidad analítica...

-¡Claro que sí! Y además tiene mucho que ver con el arte, porque te interiorizás sobre lo que es uno sobre eso de recorrer los laberintos internos de la mente, de los sueños y de todas las cosas que uno siente. La psicología es tanto eso que encontré muchas similitudes y además me pasioné. Aprendí muchísimas cosas y conocí a otra gente que no tenía nada que ver con el ambiente de la música. Y recuperé casi una sensación adolescente de estudiar y quedarse a la noche tomando mate en grupo. Fue una prueba para mí porque me sentí capaz de dar un examen y rendir, de tener capacidad de retención, de memorizar y de aprendizaje. Ahora sigo estudiando, estoy en tercer año, pero lo hago un poco más liviano...

-¿Te ves haciendo psicoanálisis, en un futuro, o lo hacés exclusivamente por formación personal?

-Si, me veo. Me encantaría hacer psicoanálisis, trabajar de esto. Ser psicoanalista. Pero todavía me falta la mitad de la carrera...

-Ya que, por fortuna, tuviste ganas de volver a grabar...

-En el '95 dije: "Bueno, estoy lista". Tenía veinte canciones y empecé a hacer demos con mis músicos. Y empezamos a armar todo con mucho tiempo. Fue lindísima la pre-producción del disco. La grabación fue distinta a todas porque yo la viví mucho más tranquila, colaboré absolutamente en todo; desde el nacimiento de la canción hasta la última nota que se grabó. Pude grabar con orquesta, lo invité a David Lebón. Y fue bárbaro porque, además, empecé como a trabajar sola, a manejar mis cosas, mi carrera, las ventas de mis shows. Y dentro de lo que bajó el trabajo, pudimos hacer muchos shows. Después de "Nuestro lenguaje sagrado", volví a componer. A veces, tengo etapas largas en que no compopngo, pero, ahora, de a poco, y sin ninguna presión, voy encaminando las cosas...

-¿Cada uno de los integrantes de aquella Trova Rosarina? ¿Se ha perdido, en algunos casos, el rumbo inicial?

-No. Creo que cada uno hizo el camino a su manera. Por ejemplo Fito, que tuvo un crecimiento muy abrupto, a mí me gustan muchas canciones. Hay cosas que me gustan más que otras. Por ahí, los temas que tienen más difusión o son más comerciales no son los que me gustan más. Creo que tiene discos que incluyen dos o tres canciones comerciales, pero también hay bellezas, logros compositivos fantásticos, que los ha tenido siempre. Te diría que sus discos, tienen un 70% grandes canciones. Después hay otras que le gustan a su público más joven o más adolescente. Y eso habla de su popularidad. Pero creo que igual hace una buena música, hace un buen producto.

-¿Ves reflejado, en lo que hace, a ese pibe que vos conociste?

-No te podría decir porque el pibe que yo conocí debe haber sufrido tantos cambios como los sufrí yo, y Juan y todos nosotros. Yo he perdido el contacto directo, de verlo seguido, ya hace más de diez años. Entonces no estoy al tanto de los cambios personales. Quizás, si está reflejado, pero yo no tengo conocimiento... A mí me alegra mucho que a él le vaya bien. Pienso que es un gran músico. Y que se ha dedicado toda su vida a tocar el piano y a escribir y a defender lo que pensaba y lo que sentía. Es bien merecido el éxito.

-En estos vaivenes de la vida has cambiado mucho de look, ¿se debe a un cambio interior que se refleja en "el afuera"? ¿O simplemente responde a modificar la estética?

-Tiene que ver con una cuestión interna. Además, yo soy una persona que me aburro rápido de las cosas. No me aburro de cosas que sean muy esenciales. Es esencial lo estético desde el punto de vista del cuidado corporal, pero en relación a la salud. Durante muchos años, fui una persona que no le daba mucha bola a los estético. Sentía que el cuerpo era como una cosa que servía de sostén de una cabeza que pensaba todo el tiempo. Sentía que todo tenía que ver con lo interno y con pensar mucho. Y, de pronto, tuve algunos cambios y yo necesité cuidarme más fisicamente: cuidar mi alimentación, cuidar más el detalle, desde la ropa que te ponés al color de cabello. Y, por ahí, me aburro de verme siempre igual, con el pelo igual, y lo cambio. Desde adolescente he sido así de cambiar las cosas. Pero, me pasa internamente también; modifico cosas, pruebo otras. Trato de cambiar el color de pelo y tocar otros acordes también. Creo que son cosas que hacen al enriquecimiento personal. Los cambios son muy necesarios a todo nivel: externos e internos. Es lo único que nos mantiene en marcha.

-¿Y del amor, también te aburría?

-No, no me aburro nunca del amor.

-Tal vez como decís en uno de tus temas, "el amor no se acomoda". Se te suele ver "muy enamorada", a veces, y después las cosas parecen no prosperar...

-Eso tiene una explicación: yo estuve tres veces muy enamorada. Después podemos querer mucho y he tenido relaciones piolas, en que ambos nos dimos muchas cosas. Pero, lamentablemente, no han resultado. No porque yo me haya aburrido. Lamentablemente, a veces las cosas no funcionan. Es difícil, estando solo, que funcionen cosas en la vida de uno. Y esa vida compartida es muy difícil todavía...

-Me entrometo en estas cuestiones porque vos te mostraste, en el diseño de tapa de tu último disco, "al desnudo" con quien fuera tu marido...

-Si. Y fue hecho con mucho amor. Este es un tema muy reciente y en el que, todavía, está muy vivo el dolor. Es muy doloroso... Yo espero, volver a enamorarme. Y que resulte mejor. Ése es mi deseo. siempre hay que seguir creyendo en el amor y en que uno puede tener una relación mejor. O más acertada.

-¿A lo mejor, con alguien con el que se pueda planificar el tema de los hijos? ¿O, como se suele decir livianamente, las canciones se asemejan a los hijos que uno no ha parido?

-No. Las canciones son canciones. Yo no creo que las canciones sean hijos. Es más, por las experiencias que veo muy cercanas a mis afectos, creo que tener un hijo debe ser incomparable con hacer una canción. Y mucho mejor aún. No lo he vivido. Creo que tendría un hijo si me vuelvo a enamorar y si está, en esa pareja, el deseo conjunto de tenerlo.

-Si, la vida, con su sabiduría, lo dispone...

-Y la vida lo va a disponer si eso ocurre en ese contexto.

-La vida es sabia. Por eso yo trato de no perder el horizonte. Yo todos los días de mi vida trato de tener buena memoria en relación al por qué estoy en esto. Y estoy en esto de la música para expresar lo que siento y no traicionarme. Para compartirlo con otros, representar a otros. Porque pienso que, a veces, represento y digo cosas que otro quisiera decir. Y eso acerca la gente a mi música... Pero, fundamentalmente, lo hago para expresarme y para lograr una comunión afectiva con los demás. Y eso no hay que perderlo nunca de vista. Ni por todo el oro del mundo...


Silvina Garré: Siempre supo que la melodía era su pasión, pero no intuía que posteriormente se convertiría en su medio de vida hasta que se conecta con Juan Carlos Baglietto. Y allí empezó todo. Con Fito Páez en los teclados, Rubén Goldín, en guitarra, y la voz central de Baglietto, se traslada a la gran ciudad, como vocalista de la banda. Permanece hasta mayo del '83, en que una propuesta efectuada por el sello EMI-Odeón da por resultado el nacimiento de su primer disco solista. Aquí más detalles.

Discografía:
"La mañana siguiente" (1983)
"Creerás en milagros" (1984)
"Reinas de pueblo grande" (1986)
"Otro cuerpo más" (1988)
"Baglietto/Garré en vivo" (1989)
"Silvina Garré" (1990)
"Coliseo 91 en vivo" (1991)
"Nuestro lenguaje sagrado" (1995)

Participaciones:
"Tiempos difíciles" (1982) - Juan Carlos Baglietto
"Actuar para vivir" (1982) - Juan Carlos Baglietto
"Baglietto" (1983) - Juan Carlos Baglietto




1997 Verdade tropical. Caetano Veloso

 
Editorial Companhia das letras. 524 páginas. 
ISBN 857-1647-12-7
Libro escrito por el gran artista brasilero Caetano Veloso. Dedictoria a Silvina Garré.



Peter Gast
Caetano Veloso
Disco UNS 1983

boomp3.com


Sou um homem comum
Qualquer um
Enganando entre a dor e o prazer
Hei de viver e morrer
Como um homem comum
Mas o meu coração de poeta
Projeta-me em tal solidão
Que às vezes assisto
A guerras e festas imensas
Sei voar e tenho as fibras tensas
E sou um
Ninguém é comum
E eu sou ninguém
No meio de tanta gente
De repente vem
Mesmo eu no meu automóvel
No trânsito vem
O profundo silêncio
Da música límpida de Peter Gast
Escuto a música silenciosa de Peter Gast
Peter Gast
O hóspede do profeta sem morada
O menino bonito Peter Gast
Rosa do crepúsculo de Veneza
Mesmo aqui no samba-canção
Do meu rock'n'roll
Escuto a música silenciosa de Peter Gast
Sou um homem comum
 

 

 ¿Caetano Veloso te dedicó un libro? Dicen que es un gran admirador tuyo...

 Sí, es increíble ¿no? Yo soy fanática de él. En 1983 coincidimos en un programa de tele en donde yo canté "Peter Gast", un tema suyo. El no tenía ni idea de quien era yo y mientras cantaba se emocionó tanto que me dijo llorando "no sabía que mi canción fuera tan linda". Me invitó a verlo al teatro, me presentó a todos sus músicos y en los reportajes que le hacían decía que Silvina Garré era quien mejor cantaba a Caetano Veloso. Catorce años después me dedicó su libro "Verdad tropical". Un lujo. Nunca más lo vi. 

La Razón 28 de junio de 2007



1998 La trova rosarina. Sergio Arboleya

Homo Sapiens Ediciones . 188 páginas.
ISBN 950-808-192-9
Estudio crítico sobre "La Trova Rosarina".



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